martes, agosto 22, 2006

En tu bolsillo hay un montoncito de sonrisas

Amo a la tierra.

Estoy enamorado de la cultura Argentina, y estoy consciente de que es mía, estoy enamorado del calor y del suelo, de mi sociedad porque la entiendo.

Amo las voces bajas de las imágenes y las palabras dispuestas en los libros. Amo a las personas que ofrecen su sabiduría y a las monedas de menos valor.

Estoy enamorado de las situaciones que me ofrecen sonrisas, de la lapicera que anda y del camino que me lleva.

Amo al agua.

Y amo a la luz del sol. Amo mis dedos y me amo a mi también. Amo apagar al despertador y no quedarme dormido. Amo al hielo de mi vaso cuando mi vaso no es una copa de vino tinto. Estoy enamorado de tener comida caliente en el plato al mediodía.

Amo el saludo de la gente y el beso de buenas noches, estoy enamorado de mis amigos y de recibir mi vuelto.

Estoy enamorado de las pilas que se agotan de los relojes y del jardín de jazmines que solía estar en mi camino.

Estoy perdidamente enamorado de las risas cómplices, de las charlas observadoras y de la silla que tiene todas sus patas de la misma longitud.

Amo al fuego.

Siento el amor que en mi pecho se refleja al pensar en la suavidad de mi cama. Amo estar en contacto con las personas que admiro, amo que me admiren.

Estoy enamorado de las miradas fugaces que se lleva la distancia y el amor. Y amo el sonido del teléfono cuando me llaman.

Amo al sabor de la carne y a los juegos de mesa. Amo viajar sentado en un colectivo y saber donde bajarme. Estoy enamorado de las bandas de rock y de las cuerdas de las guitarras.

Amo al aire.

Estoy enamorado de los músicos y de la música.

jueves, agosto 10, 2006

100 Barrios Porteños: La Boca

Caminar, apretado por la vida de las paredes boquenses, endulza la sangre. Allí no se camina, salvo que los pasos sean de un tango expresado desde el último bandoneon. Por eso mis pasos fueron danza y los de ella me acompañaron sin perderse en las sombras. Oscuridad que no alcanza a ocultarse en el mas brillante sol porteño.
Danzar en La Boca es como un sueño burgués teñido de tradicionalidad. De alguna manera supe encontrar emociones, pero allí ya no reina lo foraneo buscando su próximo tiempo. Es fácil econtrar al pasado en venta, hoy los ojos no se resignan mas que por monedas que paguen el tren hasta una frívola felicidad colectiva.