miércoles, mayo 30, 2007

Brillo recurrente



Corre por mis venas una fuerza verdadera, una extrañeza palpable. un calor de atardeceres.
Viajan en mí los sentidos de la pasión mas perfectamente imaginada llevando consigo mi voluntad.
Del fuego herido rebrota el incendio que carcome mis cimientos mas hostíles.
Una purga nupcial pretende derribar crueles e imperiosos fortines de hielo que mis manos construyeron con temor.
Y ahora ciego ante la increible eternidad me lanzo hasta el final. Descreyendo de los artilugios del miedo. Creando nuevas ideas en el camino. Valiéndome de deseos y apostando cada nuevo sol.

sábado, mayo 26, 2007

Mayo

¿Quién tomó los controles y dijo cómo debería ser todo?
¿Quién fue el osado que limitó nuestros sentidos?
La soledad y el aislamiento de los próceres que viven este mundo sin pudor es tétrica e irresponsable. Pero su tiempo no existe. Hoy no hay sol, no hay luna. Hay un sabor a pájaros. Hay una máquina y una camilla.

Hay un micrófono.

El camino que nos han trazado no tiene por qué ser recorrido. ¿Quién dicta tu irracionalidad? ¿Con qué poder?
El temor de perder tu voz está ahí, agazapado. Expectante. Nadie puede sentirse totalmente seguro de sí mismo. Hasta que en cualquier momento!!!






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loco

1.3.2.F

Salgo a la calle, miro su horizonte, su este. No lo veo.
Me acerco al primer punto de encuentro. Temo que no llegue a tiempo, yo lo necesito, probablemente él también me necesite.
Me decido a buscar el otro punto. Camino, fuerte, decidido. Mi mirada cree verlo acercarse desde el fondo, pero no quiero ilusionarme.
Pienso que puede no ser él, que puede ser otro, el temor me acecha. Lo observo con detenimiento, pero la distancia es violenta.
Me acerco al nuevo punto de encuentro. A esta altura ya veo su parecido. Mis miedos bullen en mi sangre toda. El sol, mientras tanto, palpita a mis espaldas. Los sonidos se agudizan y se funden en un zumbido estremecedor.
Pero llega la hora de la verdad. Se que reconozco su paso, se que mis ojos son sinceros.
Es él.
Viene hasta mí, agito mis manos desesperadamente. Me ve.
Para a mi lado, se acomoda. Me subo.
Y nos vamos.

Guerra Interna

De un lado, el ejército rojo, cargado de fuego. Potente. Encendiendo todo a su alrededor. Abrazando en llamas cada trinchera que se somete a él.
La colina del este se ve amontonada con guerreros azules. Enarbolan escudos que congelarían cualquier pasión del fuego inverso.
Sin embargo, se los ve débiles en esta batalla. El cansancio traspira entre los soldados azules que miran con ojos temerosos a los rojos, quienes bajan con sus espadas incandescentes, con sus capas de humo.
El futuro dejará cenizas.